Solo en 2022 la Minería Ilegal ha devastado 250 mil metros cuadrados de bosques en el Bajo Caura – Por Fritz Sánchez

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Por Fritz Sánchez

Solo en lo que va del año 2022 la minería ilegal devastó 250 mil metros cuadrados de bosques en el Bajo Caura. 

La minería ilegal continúa su avance en la cuenca baja del Caura, degradando vidas, bosques y culturas.

Han transcurrido 8 meses del año 2022, y el área devastada por el extractivismo se estima en 250.000 metros cuadrados; siendo actualmente, la mina de La Colonial, la más activa en el Bajo Caura.

Según estimaciones locales, entre cinco y siete mil personas están trabajando la mina u ofreciendo servicios en torno a ella.

La crisis a movido a mucha gente, más solo se están haciendo ricos los irregulares, los jivis en los mecates, los compradores de oro del mercado negro, la Corporación Venezolana de Minería -CVM-, que controla el negocio del combustible con los militares (…) El pueblo solo es la mano esclava moderna, han ocurrido muchos accidentes en los cortes o cilindros mineros quedando asfixiados por la inhalar gas metano. Hace poco fallecieron dos muchachos jóvenes”, relata un líder comunitario que pidió no ser nombrado por temor a represalias.

Según señala, en la mina de La Colonial -ubicada en la zona de influencia de la comunidad piapoco del mismo nombre-, se han instalado cerca de 80 pequeños molinos para procesar el material extraído de al menos, igual número de galerías verticales o cilindros, como se les dice localmente. Asimismo, existe un menor número de monitores hidráulicos puesto que hasta la fecha, las vetillas de oro han sido ubicadas a más de 20 metros de profundidad. Sin embargo, no se descarta que la minería de aluvión -la más devastadora a nivel de cobertura vegetal, se incremente a finales del presente año, puesto que el tenor o gramo de oro por tonelada por material removido, ha sido bajo, pero constante en los cilindros. Más cuando este disminuya, la minería de aluvión se incrementará gracias al apoyo de autoridades locales, militares e instituciones nacionales que no les importa la destrucción y devastación de los bosques del Bajo Caura, a cambio de su comisión en el negocio del oro de sangre.

Si bien se habla que el control de la Mina La Colonial está a cargo de capitanes o caciques indígenas de Payaraima y La Colonial, entre entendidos, se comenta que existe un acuerdo entre la “gente del monte” -guerrilleros colombianos asentados en la región-, los militares venezolanos y políticos locales, donde todos tienen participación en el “negocio aurifero”, y permiten la actividad ilegal, incluso la potencian, al garantizar los insumos necesarios para su desarrollo, desde combustible e materiales mineros, hasta impunidad y la no intervención militar ante el ecocidio y contaminación continuada.

Aunque la mina de La Colonial sigue teniendo una menor área de afectación que la mina El Silencio, su avance es impresionante, pasando a ser -actualmente-, la mina más poblada y “productiva”.

Producto del incremento en la actividad aurífera, la laguna natural (ubicada en el centro sur de la imagen) ha estado recibiendo una fuerte sedimentación contaminada con residuos de mercurio.

Esta laguna que antes era un sitio de pesca local, hoy se puede estimar por la imagen satelital, cerca de cuarenta (40) hectáreas de su área totalmente sedimentada. No obstante, cuando sube el cauce del Caura, la laguna se conecta al río aportando dichos sedimentos a su sistema fluvial, así como los residuos de mercurio entran a la cadena trófica del bioma acuático del Caura.

Violencia y cambios de Formas de Vida

El incremento de la violencia ha sido proporcional al aumento de la actividad aurífera ilegal y pugnas entre grupos por el control de las bullas y minas. Desde mediados del año 2021 a la actualidad, los enfrentamientos, asesinatos y desplazamientos de familias campesinas han sido permanentes.

Pobladores locales sienten que en cualquier momento pueden ser atacados por los grupos armados que se han instalado en el área, muchos afirman que el temor es tal que no pueden dormir en las noches por miedo (…) Como consecuencia de esta situación, más de 20 familias decidieron huir de sus caseríos, dejando sus casas y conucos atrás, perdiendo así el trabajo de años.”, reseñaba la AC Kape Kape en julio del 2021.

Las pugnas por el poder, y la progresiva participación de indígenas en la actividad minera ha venido consolidando, peligrosamente, una cultura minera en el Bajo Caura.

Un líder comunitario -quien pidió la reserva de su identidad por temor a represalias-, señaló “La mina ya es un medio de vida adoptado por los indígenas. Estos se adaptan a la minería, sus vicios y degeneración”.

La aculturación y cambios de estilo de vida que genera la cultura minera ya se comienzan a ver, con el incremento del consumo de licor y otras sustancias por parte de la población indígena.

Por ejemplo las comunidades de La Colonial y Payaraima han dejado la pesca como modo y medio de vida y compran el pescado (…) y esta espiral seguirá en aumento ante la ausencia de instituciones que frenen el extractivismo ilegal, el contrabando y la delincuencia y la impunidad”.

Un panorama muy complejo para esta cuenca y sus bosques ribereños que brindan importantes servicios ambientales a Venezuela y el continente americano, como el almacenamiento de cerca de 700 millones de toneladas métricas de carbono. 

 

Twitter @Fritz_A_Sanchez

Periodista independiente #MedioAmbiente #Turismo #Historia #Guayana #Venezuela #NoAlArcoMinero